Cacerolada por la prima de riesgo: ¡Nos van a oír!

Calle Alcalá, 2. Madrid.

¡¡¡¡¡¡¡¡Clan clan clan clan!!!!!!!!

Luces azules brillaban al fondo.

– ¡¡¡No podéis pasar!!! Gritaban con mecánicas voces.

Decidimos caminar en dirección opuesta a la barrera, cuesta abajo, entre cánticos y clanclanes cuando de repente…

– ¡¡¡NO PODEIS PASAR!!!

Estábamos encerrados. Dos barreras de hombres (mitad pitufo y mitad cyborg) nos separaban del resto de la humanidad. Arrinconados como ratillas, seguimos cantando, para alejar el temblor que nos subía por las piernas. Los minutos pasaban, el miedo también.

– ¡¡Asamblea!! ¡¡Asamblea!!

Nos sentamos en el suelo, a reflexionar sobre nuestro futuro. Desde abajo, solo se veían botas y porras al acecho, en ambos lados.

– ¡¡Compañeras no os vayáis!! ¡¡No hemos hecho nada!! ¡¡Permaneceremos juntas!!!

– ¡¡Difundid con vuestros móviles, que en todo Madrid se sepa que nos han secuestrado!!

– Apuntaos en el cuerpo el nombre de los abogados de guardia, en el móvil no que te lo quitan.

– Si cargan, recostaos sobre el lado derecho para proteger el hígado.

Risas nerviosas. No hay escapatoria, no podemos hacer nada, solo ellos pueden dar el paso. Los minutos siguen pasando, oscurece.

Al poco tiempo escuchamos al otro lado:

– ¡¡¡¡¡No estáis solos!!!!! ¡¡¡No estáis solos!!!

Suena atronador, es emocionante, no estamos solos. Las cámaras y los micrófonos revolotean a nuestro alrededor.

Llevamos más de una hora, aparece Tatiana acompañada por un hombre/micrófono de RNE:

– Dicen que si disolvemos la concentración, nos dejan salir.

La asamblea respira aliviada. Algunos no lo ven claro, surgen varias propuestas a consenso:

– ¡¡Que se vayan ellos primero!!

– Disolvemos si no mandan multa a las compañeras que se han ido yendo y a las que han identificado.

– Saldremos agarrados para que no se nos lleven a ninguno al furgón.

– Cuando salgamos les damos un abrazo a cada hombrecillo azul.

Mientras nos organizamos, las barreras de furgones se abren, una marea de compañeros del otro lado fluye hacia nosotros y nos convertimos en una sola. Caminamos hacia la plaza, hacia casa, agarradas, juntas, cantando:

-¡¡SI SE PUEDE!! ¡¡SI SE PUEDE!!

(Podéis escuchar un pequeño reportaje sobre la «Cacerolada» en el programa de Radio3 «Carne Cruda» pinchando aquí ).

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